La cavidad bucal es de suma importancia al momento de relacionar los daños que provoca el consumo de tabaco, es la primera parte del organismo que entra en contacto con los componentes, afectando estructuras tanto de tejidos blandos como duros, con diversos efectos sobre todo en mucosas y tejidos periodontales.
El flujo salival, por ser el primer fluido biológico expuesto al humo del cigarrillo, se producen cambios estructurales y funcionales con aumento en su secreción, durante la exposición a largo plazo se reduce el flujo salival, aumentándose así los trastornos asociados con la disminución salival, especialmente caries cervical, gingivitis, cálculo y halitosis.
El uso del tabaco sin humo produce cambios degenerativos en las glándulas salivales menores cercanas al sitio de colocación del tabaco.
Las principales afecciones son en tejidos duros y blandos, lo más común es la enfermedad periodontal, la caries puede presentarse por el contacto directo con los productos del vapeador, existe un incremento de la susceptibilidad microbiana, la cual se da debido a la presencia de xerostomía por la irritación generada en las mucosas, pueden aparecer aftas bucales además de halitosis; un signo característico en los consumidores es la “lengua del vapeador” afectando las papilas gustativas.
Es claro que los efectos en cavidad bucal son iguales o mayores que el tabaquismo, llegando a generar afecciones en mucosas y tejidos, que van desde aftas bucales, desensibilización de las papilas gustativas por quemaduras, hasta enfermedades crónicas como cáncer oral.


No hay comentarios:
Publicar un comentario